6 de marzo; (más tarde)
He estado leyendo lo que escribí unas horas atrás. Y me sorprende lo que hice.
Supuestamente un diario personal habla del aquí y ahora, proyectándome hacia adelante. Por el contrario yo hice lo opuesto: me perdí en el pasado cercano.
Dicen que el acto de escribir, en cierto modo, es una forma simbólica de asesinar al padre; por lo visto, mi intención es asesinar el pasado.
Y mi presente se llama Roxana. ¿Pueden imaginarse a Nicole Kidman morocha?… Bueno, entonces serán capaces de imaginarse a Roxana. Ella es la mujer perfecta, demasiado perfecta: en su trabajo es capaz de decirme, sin error, cuales serán las obligaciones de éste día; cual es el motivo por el cual me espera ese tipo al que no hubico, pero ella sabe de memoria su nombre, empresa para la que trabaja y su cargo en ella; es capaz de recordarme ese almuerzo de trabajo que intencionalmente borré de mi cabeza. Pero lo que me atrae de ella es su inteligencia y buen gusto: ¿alguien conoce a una mujer capaz de apreciar un disco de Frisell?; y digo apreciarlo en el verdadero significado de la palabra: comprenderlo musicalmente, y saber disfrutar de él.
Seguramente no.
Ella fue siempre una mujer demasiado perfecta, hasta el instante que recordé hace unas horas atras: ME DEMOSTRÓ ESTAR CELOSA.
Es increíble. Ella, Roxana, sintiendo celos. Desde ese instante creo haberme enamorado de ella; se mostraba ante mis ojos como una persona normal. Desde hace un par de meses sueño con el momento de descubrir que me mete los cuernos…